martes, 8 de mayo de 2007

Reflexión "La Fraternidad" Hermano Rulo

Reflexión Bíblica

La Fraternidad

Lectura: Epístola a los Romanos 12. 9-13

Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor. Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración. Consideren como propias las necesidades de los santos y practiquen generosamente la hospitalidad.

Meditación

Este pasaje del evangelio nos muestra a San Pablo exhortando a los romanos a un cambio radical y profundo en sus vidas, invitándolos a que sean firmes y tenaces en la lucha contra el mal y en cambio practiquen el bien amándose en todos los ámbitos cotidianos con total sinceridad y espíritu de servicio.

Cabe aclarar que al momento de escribir esta carta, el discípulo estaba experimentando un tiempo clave y decisivo en su carrera apostólica. Había concluido su tercer viaje misionero y consideraba que su misión en Oriente ya estaba terminada. Tenía proyectado emprender una nueva etapa en su obra de evangelización la cual consistía en llevar la Buena Noticia a Occidente, desde Roma hasta España.

Más allá de esto, el propósito de citar este fragmento del Nuevo Testamento es el de hacer énfasis en el tema de la fraternidad. Esta palabra proviene del latín fraternitas que quiere decir hermano. A su vez el término latino fraternitatis indica comunión entre los hombres. Esto es, que somos hijos del mismo Padre y por lo tanto hermanos en Cristo. También somos hijos de la misma Madre, la Virgen María, y formamos parte de la misma comunidad eclesial en la cual celebramos el misterio pascual en cada misa.

De hecho, la fraternidad debería ser uno de los pilares del grupo de vida porque si realmente nos decimos hermanos, debemos vivir como tales. Y esto implica necesariamente un espíritu de común unión, de entrega desinteresada hacia el otro, de preocupación por las necesidades y problemas de mi hermano, de una actitud de servicio constante y por sobre todo de una apertura interior personal para dejar que Dios actúe a través de nosotros ya que Él es la fuente de la caridad, del servicio y de la entrega, encarnada en la cruz de su Hijo.

Por otro lado vemos claramente como las primeras comunidades cristianas, que nos relatan los Hechos de los Apóstoles, viven compartiendo sus dones espirituales y bienes materiales, poniendo todo en común y ofreciendo todo cuanto reciben a Dios. Y este ejemplo es el que el grupo de vida debería imitar, así como también es vivido en cada una de las misiones que el grupo misionero de Schenostatt encara todos los años. Ese espíritu de comunidad, de división de tareas, de generosidad, de apertura hacia el otro, de servicio, en síntesis, de fraternidad, es el que el grupo debería intentar tomar como suyo.

Por último es menester destacar que si no existe el espíritu de fraternidad, el grupo de vida se terminaría por disolver ya que no respondería a la propia esencia del mismo, que es el de caminar y vivir como hermanos en la fe, e irradiar a Cristo hacia el resto de los hombres. Sin fraternidad no hay grupo. ¡Con Cristo todo lo podemos!

GDV 2006

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