Deus caritas est - Benedicto XVI
DEUS CARITAS EST – BENEDICTO XVI Síntesis de Contenidos ► Introducción → “Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1Jn 4,16). En este mismo capítulo Juan nos ofrece una síntesis de la existencia cristiana: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”. → No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello, una orientación decisiva. → Puesto que es Dios quien nos ha amado primero (1Jn 4,10), ahora el amor ya no es solo un mandamiento, sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro. → En un mundo en el cual a veces se relaciona el nombre de Dios con la venganza o incluso con el odio y la violencia, en esta encíclica se habla del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los demás. → La primera parte tendrá un carácter más especulativo, en la cual se precisará sobre el amor que Dios, de manera gratuita y misteriosa, ofrece al hombre y, a la vez, la relación intrínseca de dicho amor con la realidad del amor humano. → La segunda parte tendrá una índole más concreta, pues tratará de cómo cumplir de manera eclesial el mandamiento de la caridad. ► 1º Parte: “La Unidad del Amor en la Creación y en la Historia de la Salvación” Eros y Ágape, diferencia y unidad → La Iglesia con sus preceptos y prohibiciones, ¿no convierte acaso en amargo lo más hermoso de la vida? La Iglesia, en modo alguno rechazó con ello al eros como tal, sino que declaró guerra a su desviación destructora, puesto que la falsa divinización del eros lo priva de su dignidad y lo deshumaniza. → Entre el amor y lo divino existe una cierta relación: el amor promete eternidad, infinidad, una realidad más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Al mismo tiempo se constata que el camino para lograr esta meta no consiste simplemente en dejarse dominar por el instinto. Hace falta una purificación y maduración, que incluyen también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni envenenarlo, sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza. → Si el hombre pretendiera ser sólo espíritu y quisiera rechazar la carne como si fuera una herencia meramente animal, espíritu y cuerpo perderían su dignidad. Si, por el contrario, repudia el espíritu y por tanto considera la materia, el cuerpo, como una realidad exclusiva, malogra igualmente su grandeza. → El eros degradado a puro sexo, se convierte en mercancía, en simple objeto que se puede comprar y vender; más aun, el hombre mismo se transforma en mercancía. De este modo considera el cuerpo y la sexualidad solamente como la parte material de su ser, para emplearla y explotarla de modo calculador. → La de cristiana, por el contrario, ha considerado siempre al hombre uno en cuerpo y alma, en el cual espíritu y materia se compenetran recíprocamente, adquiriendo ambos, precisamente así, una nueva nobleza. → Nos hemos encontrado con las dos palabras fundamentales: eros como término para el amor mundano y ágape como denominación del amor fundado en la fe y plasmado por ella. Eros y Ágape nunca llegan a separarse completamente y cuanto más se encuentran ambos tanto mejor se realiza la verdadera esencia del amor en general. La novedad de la fe bíblica → La relación de Dios con Israel es ilustrada con la metáfora del noviazgo y del matrimonio (Cantar de los Cantares). → A la imagen del Dios monoteísta corresponde el matrimonio monógamo. El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano. Jesucristo, el amor de Dios encarnado → Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cfr 19,37), ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta encíclica: “Dios es amor” (1Jn 4,8). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar. → Lo que antes era estar frente a Dios, se transforma ahora en unión por la participación en la entrega de Jesús, en su cuerpo y su sangre. → La unión con Cristo (en la comunión sacramental) es al mismo tiempo unión con todos los demás al que él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán. → Se entiende, pues, que el agapé se haya convertido también en un nombre de la Eucaristía: en ella el agapé de Dios nos llega corporalmente para seguir actuando en nosotros y por nosotros. → Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma. → Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios. Amor a Dios y amor al prójimo → Existe una inseparable relación entre amor a Dios y amor al prójimo. Cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos antes Dios. → ¿Es posible amar a Dios aunque no se lo vea? Dios se ha hecho visible: en Jesús podemos ver al Padre. Él se refleja mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Él nos ama y nos hacer ver y experimentar su amor, y de este antes de Dios puede nacer también en nosotros el amor como respuesta. → La voluntad de Dios ya no es para mi algo extraño que los mandamientos me imponen desde fuera, sino que es mi propia voluntad, habiendo experimentado que Dios está más adentro de mí que lo más íntimo mío. Crece entonces el abandono en Dios y Dios es nuestra alegría (Sal 73, 23-28). → Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podré ver siempre en el prójimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en él la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser sólo “piadoso” y cumplir con mis “deberes religiosos”, se marchita también la relación con Dios. Sólo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama. ► 2º Parte: “El Ejercicio del Amor por parte de la Iglesia como Comunidad de Amor”. La caridad del amor como manifestación del amor trinitario → “Ves la Trinidad su ves el amor”, escribió San Agustín. → El amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres. La caridad como tarea de la Iglesia → A él (diácono Lorenzo), como responsable de la asistencia a los pobres de Roma, tras ser apresados sus compañeros y el Papa, se le concedió un cierto tiempo para recoger los tesoros de la Iglesia y entregarlos a las autoridades. Lorenzo distribuyó el dinero disponible a los pobres y luego presentó a éstos las autoridades como el verdadero tesoro de la Iglesia. → A) La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: 1) anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), 2) celebración de los Sacramentos (leiturgia) y 3) servicio de la caridad (diakonia). → Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia. → B) La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. “Mientras tengamos oportunidad hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe” (Gálatas 6, 10). → La Parábola del Buen Samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado “casualmente”. Justicia y Caridad → A) El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política. El Estado no puede imponer la religión, pero tiene que garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas religiones. La Iglesia por su parte tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar. Son dos esferas distintas, pero siempre en relación recíproca. → La Iglesia quiere servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia. Tiene el deber de ofrecer mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables. La Iglesia no puede ni debe sustituir al Estado, pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. → B) El amor (caritas) siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales. → “El deber inmediato de actuar a favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Por tanto, no pueden eximirse de la “multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común”. → La caridad debe animar toda la existencia de los fieles laicos y, por tanto, su actividad política, vivida como “caridad social”. Múltiples estructuras de servicio caritativo en el contexto social actual → A) La solicitud por el prójimo, pues, superando los confines de las comunidades nacionales, tiende a extender su horizonte al mundo entero. → B) Han surgido numerosas formas nuevas de colaboración entre entidades estatales y eclesiales, que se han demostrado fructíferas (organizaciones filantrópicas, muchas formas de voluntariado) El perfil específico de la actividad caritativa de la Iglesia → Elementos esenciales de la caridad cristiana y eclesial: 1) Es la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación. 2) La actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos e ideologías. 3) No ha de ser un medio en función de lo que hoy se considera proselitismo ya que el amor es gratuito. Nunca se tratará de imponer a los demás la fe de la Iglesia ya que uno es consciente de que el amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio de Dios que tenemos. Los responsables de la acción caritativa de la Iglesia → Los responsables de la acción caritativa: i) deben ser personas ante todo movidas por el amor de Cristo; ii) quieren trabajar con la Iglesia y por lo tanto con el Obispo. → Para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mi mismo, he de ser parte del don como persona. Este es un modo de servir que hace humilde al que sirve. No adopta una posición de superioridad ante el otro, por miserable que sea momentáneamente su situación. Cristo ocupó el último puesto en el mundo en la cruz y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. → A veces el exceso de necesidades y lo limitado de sus propias actuaciones le harán sentir la tentación del desaliento. Pero precisamente entonces le aliviará saber que, en definitiva, él no es más que un instrumento en manos del Señor; se liberará así de la presunción de tener que mejorar el mundo (algo siempre necesario) en primera persona y por sí solo. Hará con humildad lo que le es posible y, con humildad, confiará el resto al Señor. → La beata Teresa de Calcuta es un ejemplo evidente de que el tiempo dedicado a Dios en la oración no sólo deja de ser un obstáculo para la eficacia y la dedicación al amor al prójimo, sino que es en realidad una fuente inagotable para ello. → La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz (en el fondo la única) que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar. El amor es posible y nosotros podemos ponerlo en práctica porque hemos sido creados a imagen de Dios. Hay que vivir el amor y así llevar la luz de Dios al mundo. ► Conclusión → En los Santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos. En nadie lo vemos mejor que en María. → María, la Virgen, la Madre, nos enseña qué es el amor y dónde tiene su origen, su fuerza siempre nueva. A ella confiamos la Iglesia, su misión al servicio del amor. GDV Abril 2007.
martes, 26 de junio de 2007
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